BIOGRAFÍAS
1 de abril de 2025
Chizzo Nápoli cumple años: el rugido del rock argentino que no se apaga

Del barrio a los estadios: cómo Gustavo “Chizzo” Nápoli se convirtió en uno de los emblemas más auténticos del rock nacional, sin hits impuestos, sin campañas publicitarias, pero con una multitud fiel que corea cada verso como si fuera un acto de resistencia.
La guitarra como lenguaje, la calle como escuela
Gustavo Nápoli nació el 25 de mayo de 1966 en Mataderos, un barrio obrero del oeste de Buenos Aires que lo marcaría para siempre. Como muchos pibes de la zona, creció entre veredas polvorientas, fábricas y un fútbol que se colaba por los pasillos como el murmullo de una esperanza. Lo que lo separó del resto fue una guitarra. Desde muy joven, Chizzo intuyó que su forma de decir las cosas no sería con discursos, sino con riffs.
El apodo “Chizzo” viene de la adolescencia, como tantas cosas. Al principio, solo era uno más en la banda de amigos, hasta que su instinto de liderazgo, su forma de mirar el mundo y de decirlo en voz alta, lo volvieron un faro inevitable.
Los inicios de La Renga: garage, birra y pasión
La Renga nace a fines de los años 80, en pleno auge de la efervescencia postdictadura, cuando las bandas comenzaban a autogestionarse, a tocar en clubes, a imprimir sus propios cassettes. Con Chizzo al frente, Tete en el bajo y Tanque en la batería, el trío original grabó su primer disco de forma completamente independiente: Esquivando Charcos (1991).
El título era una metáfora perfecta. Mientras otras bandas buscaban impresionar con arreglos, La Renga tocaba directo a la vena, con letras barriales, existenciales y viscerales. En esa primera camada ya estaban himnos como "Voy a bailar a la nave del olvido" o "Embrollos, fatos y paquetes", que aún hoy suenan en cada recital.
El fenómeno imparable
Con A Dónde Me Lleva la Vida (1994), la banda dio el salto. Las radios empezaron a ceder, los recitales eran cada vez más grandes. La Renga, sin apoyo de grandes sellos, comenzó a llenar estadios.
"El final es en donde partí" se volvió un manifiesto para una generación que no quería discursos vacíos, sino gritar sus propias verdades.
Con Despedazado por mil partes (1996), Chizzo consolidó su poética cruda y honesta. "La balada del diablo y la muerte", "El terco" o "Lo frágil de la locura" no eran solo canciones: eran capítulos de una filosofía barrial y libertaria que atravesaba el alma.
Chizzo, el autor: un poeta del barro
Si bien siempre se lo relaciona con la potencia de su voz rasposa y el rugido de su SG, Chizzo es un gran letrista. Su universo está poblado de sombras, amores trágicos, paisajes siderales y arrabales existenciales.
No escribe con metáforas rebuscadas, sino con imágenes que nacen del asfalto. "Hablando de la libertad" no es solo una canción de cierre de recitales: es un testamento de vida. En sus letras, hay referencias a viajes interiores, a búsquedas personales, a duelos sin respuesta. "El viento que todo lo empuja" habla de eso: avanzar a pesar de todo.
Autogestión como bandera
Desde el principio, Chizzo se negó a someterse a los cánones del mercado. La banda se autoproduce, organiza sus giras, maneja sus tiempos. Esto no es solo una decisión estética: es política. Es resistir la lógica del show vacío. Es apostar por la música como acto de comunión.
Durante años, La Renga evitó los grandes festivales sponsoreados y apostó por recitales propios, incluso a costa de enfrentar censura, como ocurrió en Córdoba, donde les prohibieron tocar por “razones de seguridad”. Aun así, volvieron, siempre.
Chizzo guitarrista: un estilo propio
Su estilo con la guitarra es tan reconocible como su voz. Potente, directo, sin solos para lucirse, sino para desgarrar. La SG es parte de su cuerpo, y él lo sabe. Hay quienes lo comparan con Iommi, otros con Pappo, pero Chizzo tiene algo único: logra que cada nota parezca un martillazo en la conciencia.
En temas como "Panic Show", "La razón que te demora" o "El rey de la triste felicidad", su guitarra ruge con una energía primaria, casi ritual.
Más allá del rock
Chizzo no da muchas entrevistas. No le interesa la fama por sí misma. Prefiere dejar que las canciones hablen por él. Vive con bajo perfil, sigue en el mismo barrio, y no le gusta exponerse en televisión. Su forma de comunicar sigue siendo la música, el escenario, el contacto con la gente.
En los últimos años, el grupo amplió su búsqueda sonora y Chizzo profundizó su vínculo con las letras. Canciones como "En los brazos del sol" o "Para que yo pueda ver" muestran una faceta introspectiva que convive con la furia habitual.
Una voz de generaciones
En una época donde muchas bandas nacen desde el marketing, La Renga y Chizzo siguen demostrando que la autenticidad no se vende, se construye. Son la prueba viviente de que el rock, cuando nace desde el alma, puede seguir siendo popular sin traicionarse.
Para miles, Chizzo no es solo un músico. Es un guía. Un tipo que bajó del escenario y habló de igual a igual con su gente. Que escribió canciones para los que no tienen voz. Que le puso poesía a la rabia y guitarra al desencanto.
Tocá sus canciones
Podés tocar todas las canciones de La Renga y la obra de Chizzo desde
👉 acordesweb.com/artista/la-renga
Por Dario Gonzalez.
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