Bio

En 1982 Christian Arenas y Cristián Heyne se conocieron siendo vecinos. En esa época jamás pensaron en formar un grupo de música y se dedicaron, exclusivamente, a cimentar su amistad haciendo cosas normales para todo pendejo de nueve años: pasaban las vacaciones juntos, en invierno tomaban leche con frutilla y comían pan con queso caliente, jugaban Atari, formaron un equipo de fútbol e, incluso, llegaron a tener un empresa dedicada a la venta de helados.

La fascinación por el mundo de la música llegó en 1986. Heyne recuerda que, en ese entonces, fueron particularmente importantes bandas como Aparato Raro y el músico argentino Charly García, pero el primer disco que llamó su atención fue el Thriller de Michael Jackson. A partir de 1987 los gustos musicales de ambos amigos derivaron hacia la escena dark: Heyne tenía un discurso muy armado como pseudo intelectual dark, y Arenas se pintaba los ojos y los labios, como Simon Gallup.

1989 fue el año decisivo para que Christian Arenas y Cristián Heyne se juntaran a hacer música en serio. Influenciados por el sonido sofisticado y oscuro de The Cure y Cocteau Twins, y el melancolismo sombrío de The Jesús and Mary Chain, dieron origen a una de las pocas bandas que logró desarrollar un estética musical ambiciosa, cosa inexistente en el Chile de principios de los 90′. Christianes nace en junio de 1989, cuando sus dos miembros fundadores solo tenían 16 años. Inmediatamente se lanzan a explorar su sonido en vivo, con presentaciones en lugares que carecían de la amplificación y de la infraestructura adecuada. Un año más tarde, y respondiendo a un aviso publicado en el suplemento de Avisos Económicos Escolares de El Mercurio, llega a la banda el guitarrista Juan Carlos Oyarzún, su incorporación fue importantísima para el desarrollo de las composiciones melódicas que más adelante harían conocidos a Christianes. El nuevo integrante se hizo cargo de la voz y fue un gran aporte en términos estéticos: diseñaba los afiches, se ocupaba de la puesta en escena, de la iluminación, etc.

Los primeros años de los noventa significaron para la banda el perfeccionamiento de su sonido, amparándose en un trabajo composicional riguroso y una preparación exigente para las presentaciones en vivo que llevaban a cabo. Desafortunadamente, la recepción del público fue lenta y la nueva apuesta de Christianes fue vista con rechazo. De los inicios vale la pena recordar la presentación del grupo en una fiesta que se hizo en el Trolley en 1990, llamada “La Revolución de las Flores Negras”. En esa ocasión, Christianes se presentó frente a un público punk que quería azotarse al ritmo de La Polla Records; los efectos de guitarra y el uso de pistas molestaron a los punkies, que se fueron encima de la banda gritando cosas como: “¡Maricones culiaos, hagan que la guitarra suene como guitarra, poco hombres!”

Pese a los baches y a las malas presentaciones Christianes fue convirtiéndose, de a poco, en un grupo con calidad reconocida dentro de la escena dark, la misma que en ese entonces veneraba a conjuntos como Lucybell (banda con la que se llevaron pésimo). El año 1992 el conjunto sufre la partida de Juan Carlos Oyarzun: Christianes quería ser más pop, necesitaba más ensayos y Oyarzún tenía poco tiempo. Además, su registro vocal se estaba volviendo muy vago y atentaba contra las intensiones de hacer melodías claras y definidas. Heyne y Arenas, se vieron enfrentados a realizar nuevas composiciones y a buscar un reemplazo para la voz. Quien llegó a asumir la labor vocal dentro de Christianes fue Evelyn Fuentes, la novia de Arenas, que era estudiante de danza y tenía escasa experiencia en canto. La incorporación de Evelyn fue decisiva para lograr el sonido que consagró a la banda. En ese momento tomaron la decisión de cerrar el grupo, ya no iban a buscar más gente, Arenas se haría cargo de la composición musical y Heyne de las letras.

La conjunción entre la voz susurrante y nostálgica de la cantante, y el sonido eléctrico, experimental y etéreo que habían desarrollado Arenas y Heyne, provocó que Christianes se ganara un mayor número de adeptos y un reconocimiento importante de los sellos grandes que, en ese entonces, aún eran los encargados de consagrar a las bandas. Cuando la EMI lanza su “Proyecto de Nuevo Rock Chileno” en 1995, Christianes es fichado junto a otros grupos como Los Tetas, Lucybell, Joe Vasconcellos, Pánico, entre otros. El sello se encargó de pagar los estudios de grabación para que hicieran los demos y luego el disco Ultrasol. También pagaron el video de Mírame Solo Una Vez, gastaron mucha plata en taxis (para que los chiquillos no anduvieran más en micro) y los invitaron a comer un par de veces. Pero, en general, el aporte del sello fue escaso y sólo se ocuparon del negocio, tanto así que los equipos de guitarra y bajo que compraron para mejorar la infraestructura de la banda, fueron cedidos como anticipo de regalías.

1995 no sólo fue decisivo para Christianes por el contrato conseguido con la EMI. Ese mismo año sale al mercado su primer y único disco: Ultrasol. Se trata de una grabación que incluye 16 temas, entre los que se cuenta el hit “Mírame Solo Una Vez”, probablemente el tema que más ha trascendido, ayudado por su pegadizo turutu-tururu. Ultrasol consagra al sonido único de Christianes dentro del mercado musical chileno. Música gravitante y elaborada, que se ve acompañada por la fragilidad propia de la interpretación vocal de Evelyn. La gran virtud de Christianes es que, en ese disco, son capaces de insertar con precisión melodías rockeras que contribuyen a matizar un sonido que, a veces, es excesivamente delicado y meloso. Se agradece, de todas maneras, la confluencia voluntariamente caótica de armonías frescas e intensas con su contraparte oscura, otoñal y melancólica. En cuanto a las letras, nos enfrentamos a un disco muy introspectivo. El amor, el dolor y el sufrimiento aparecen como grandes figuras temáticas. Se repite la manifestación de un hablante confundido, que se ha entregado a una desilusión mayor. La perdida y el abandono son profundas heridas que no sanan nunca. El escape y la liberación hacia mundos ideales, lejos del sol inquisitivo, refugiándose en la noche y las profundidades del mar, son temas que atraviesan todo el disco. La síntesis es una cadena de fatalidad y catarsis: Amor - Desilusión - Sufrimiento - Escape - Liberación.

Después de Ultrasol, la banda realizó escasas presentaciones en vivo, aún cuando la recepción del público había sido favorable. En esos momentos Christianes se daba a conocer como un conjunto que detestaba la exposición mediática, hecho que les significo más de alguna controversia con los medios de prensa. Los proyectos paralelos de Heyne, que le resultaban más atrayentes que su labor en Christianes, y las crecientes tensiones que dificultaban el trabajo composicional terminaron con la banda en 1997.

Poco de sabe Arenas. Evelyn Fuentes volvió a la danza, y Juan Carlos Oyarzun tuvo un proyecto llamado Justine y ahora participa en un dúo de electrónica indie con Carolina Mora, llamado Souvlaki. Quien ha dado más que hablar ha sido Cristián Heyne, su trabajo en Christianes le significó ganar prestigio como músico. Después de la separación del grupo se dedicó a su nueva banda, Shogun. Pero, sin duda, donde más ha destacado ha sido en su labor como productor. Él fue el encargado de dar vida al pop comercial de Supernova y Stereo 3. También ha trabajado con Lucho Jara, Javiera Parra, Malcorazón, Glup, Javiera Mena y, ahora último, con Sergio Lagos (”The telephone is ringing is my mother on the phone…”). Además, colaboró con Alberto Fuguet en la banda sonora de la película “Se Arrienda”.

Pese a la brevedad de Christianes, y al escaso material discográfico que editaron, es necesario valorar su aporte al rock/pop nacional y en general a la escena de Santiago de Chile considerando que ha sido una de las pocas bandas capaces de implementar un sonido innovador y atípico dentro de su contexto de producción.

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