Bio

Manuel y Tomás tenían 12 años cuando empezaron a tocar las canciones de Viejas Locas en la guitarra. A los 14, en sus idas y vueltas entre Bellas Artes y el Normal 3, conocieron a Esteban, Julián y Damián. De pronto, fueron un quinteto al que llamaron Se va el camello. Hoy, los chicos tienen 18, un disco y hasta cargan con una separación: se fue Damián y entraron Leandro y Federico. “Ahora que ya no tenemos 15 nos toman un poco más en serio”, explican a Diagonales. Y no es para menos. Hoy, a las 23 y con producción propia, los pibes se suben al escenario del Club Rock, donde funcionó la Vedette Cultural, un reducto con capacidad para 600 personas.
La banda festeja los cuatro años y presenta Mil cumbias y rocanroles, el disco que grabaron a las apuradas y con recursos mínimos en los estudios “La burbuja” en enero de 2008, con la asistencia de Gualberto, de Norma.
El disco tiene rock, cumbias, un poco de murga y algunos candombes “no muy bien tocados porque los tocamos nosotros”, según reconocen. Aunque aclaran que tiene esas canciones que podrían explicar la historia de la banda y la de ellos mismos. Ahí está Vamos llegando, “la primera canción que le gustó a alguien”, dice Tomás. O Diagonales, el último tema que compusieron antes de grabar el CD.
El disco tiene todas las influencias de la época: Viejas Locas (e Intoxicados), Los Piojos, La Renga y Bersuit; pero también herencia. “Me escuché todo lo que escuchó mi viejo… Pappo y Aquellarre por un lado y Silvio Rodríguez o Serrat por el otro”, dijo Tomás. “A mi me llegó el candombe, la cumbia y la chacarera por mi viejo. Y Loud Reed o los Beatles por mi vieja”, sumó Manuel.
Cruzados por la música que escucharon sus padres y por la que escucha su generación, los chicos aseguran que “el disco tiene cosas distintas y le gusta a mucha gente. También a los que escuchan reaggae y a la gente más grande”. Hay quien piensa que fue muy prematuro grabar, pero ellos aseguran que tenían la necesidad de registrar sus temas. “Somos unos guachos que recién estamos arrancando”, aseguran.
Si la música los lleva a recorrer la historia del rock nacional y se mete en la cultura rioplatense, las letras los ancla en La Plata. “Las diagonales te llevan al sol, de Plaza Castelli a la Vieja Estación”, canta Manuel. Y explica: “la ciudad está presente porque pateamos estas calles. Yo me siente re platense. No me gusta hablar de la policía ni del gobierno… ¡si no tengo idea de nada!… Trato de no escribir nada de lo que no esté seguro. Las letras son personales, pero sé que las cosas (que cuentan) les pasa a los pibes”.
- ¿Qué quieren ser cuándo sean grandes?
- Esto que somos ahora-, dice Tomás.
- Igualitos. Yo estoy seguro loco-, agrega Manuel.
Los sueños vienen con una cuota de temor que hay que espantar con humor, “vamos a tener que atender un par de kioscos”, dice Tomás… “trapito en la puerta del restorán”, lo sigue Manuel. Mientras tanto, están en camino a ser lo que quieren ser. Son del sub 18 del rock platense.

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